Puerto de Yokohama, Japón. Eran las siete de la mañana cuando Larry embarcaba en un paquebote que por sus dimensiones, perfectamente y sin ningún impedimento, podría ser un buque portacontenedores. El sol estaba saliendo y hacía mucho viento, un viento tajante típico del Océano Pacífico. A Larry no le importaban ni un ápice esas condiciones climáticas, pues había pasado por situaciones peores. Larry era un viejo corresponsal del San Francisco Chronicle que acababa de cubrir una noticia sobre un devastador terremoto en Saitama. A Larry no le gustaban lo más mínimo las aviones, por eso viajaba en paquebote siempre que podía. El mejor amigo de Larry, tras los periódicos, era el mar.
Los padres de Larry eran españoles emigrados que durante los años del crack bursátil norteamericano se instalaron en la bahía de San Francisco. El trabajo de sus progenitores consistía en dar clases de español a los últimos integrantes de la tribu india hupa.
Los indios hupa querían aprender castellano porque les resultaba muy sonoro y gracioso el acento y la prosodia general. Los hupa que querían aprender español hablaban la lengua hupa, de la familia lingüística na-dené. Los padres de Larry conocían su idioma, de tal suerte que la comunicación era eficaz entre la pareja de emisores y los receptores.
Cuando Larry llegó a San Francisco, tras quince días de trayecto, se encontró con el mismo San Francisco que había dejado a su marcha meses atrás.
Veía cómo Sillicon Valley seguía influyendo en la configuración de la información de San Francisco. No podía ser de otra manera, Sillicon Valley es uno de los centros mundiales de información y tecnología. También veía que las industrias culturales y empresariales principales, como son Google, Apple, Amazon y Facebook, se repartían el pastel de los ingresos tecnológicos. Larry, que era un amante de España, enseguida comparó y llegó a la conclusión de que las ganancias de estos cuatro gigantes tecnológicos valían la misma cantidad que el Producto Interno Bruto (PIB) anual de España.
Larry seguía sabiendo la primera regla del periodismo: dar a la gente lo que ellos quieren ver. Y precisamente, Larry sabía que a la gente le gusta el morbo y lo trepidante. Incluso al propio Larry le gustaba el morbo, por eso leía el USA TODAY y veía boxeo en el MGM Grand Hotel & Casino de Las Vegas siempre que podía. No podía comprender que algunas personas invirtieran su tiempo en escribir en blogs aburridos, repetitivos, poco originales y con contenido poco morboso y cautivador. Tampoco lograba entender que hubiese gente a la que no le interesase nada de lo que ocurre en el mundo. Quizás esa gente estaba mermada por algún invento. Y, tal vez, para esa gente, Larry era un periodista loco.
Informa Jesús, en primavera.
Informa Jesús, en primavera.
Buen trabajo, Jesús. Novelando tu entrada has conseguido introducir de forma sutil unos pocos conceptos. Es verdad que he echado de menos algún dato más pero has conseguido construir un texto de lectura rápida y amena.
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