La influencia de Internet ha resultado una gran ola que ha cubierto todos los aspectos de la vida humana anterior a él. Se pueden citar grandes aportaciones que este fenómeno ha incluido a nuestra vida, sin embargo, una serie de ''indeseables'' se han unido a la modernidad, ampliando su radio de actuación y su potencia.
Este es el caso de la violencia de género, una de muchas rémoras de la sociedad que se han actualizado y agravado, saliendo de las relaciones del hogar para colarse en la vida de multitud de personas que, a causa del ascendiente número de inscripciones en redes sociales y de compras de smartphones, cada vez son más vulnerables.
La actuación de estos agresores es muy diversa, ya que, ellos mismos pueden ser desconocidos disfrazados tras un perfil que fácilmente puede ser falseado. Estos desconocidos entran en la intimidad de la gente ingenua, consiguen los documentos deseados y con ellos proceden al chantaje para obtener lo que quieran. El envío de fotos de contenido erótico, o sexting, es una práctica más frecuente en los jóvenes, y al caer en manos inapropiadas se convierte en el chantaje perfecto para obtener más imágenes o datos de los acosados.
Sin embargo, no todo el ciberacoso se produce por desconocidos y es que la violencia de género en la pareja también se ha transportado al mundo electrónico. El control de una relación tóxica ahora puede ser total: te ata a la pantalla y actúa de perro guardián que inmoviliza tus movimientos. Las agresiones por mensaje contribuyen a un ataque del autoestima constante y a la dependencia del acosado al acosador, haciendo que las cadenas que le dominan se hagan más fuertes.

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