Hace apenas un año, saltaba a las principales cabeceras
periodísticas la siguiente noticia: “EE.UU.
nos espía a través de Google o Facebook”.
El debate estaba abierto. ¿Dónde está el límite entre la
seguridad y la privacidad? ¿Es realmente un método preventivo ante el
terrorismo o una forma sutil y no autorizada de control indirecto?
EL denominado programa PRISM permitía a la NSA conseguir
cualquier tipo de información sin solicitarla a los proveedores y sin tener
ningún permiso judicial.
Y yo me pregunto: si es esto posible, acceder a casi
cualquier tipo de información de cualquier ciudadano, ya que hoy en día todo
está en la red, ¿por qué no es utilizado para detectar el fraude fiscal? ¿A
quién está permitido espiar y a quién no? Obviamente, cualquier persona con
sentido común permitiría que se utilizara en contra del terrorismo y así lograr
evitar acciones terroristas y salvar vidas pero, ¿solamente es utilizado con
este fin?
La denominada “revolución de los datos” es un hecho en sí.
Quien tiene acceso a los datos de millones de personas, está en posesión de un
instrumento con incalculable valor. La publicidad personalizada nos “peta” el
ordenador o el móvil a diario. La libertad que nos ha sido dotada gracias a la
revolución de las comunicaciones, a la era digital, está siendo contrarrestada
con la revolución de los datos, en manos tanto de empresas como de Gobiernos.
Un informe de la AIMC (Asociación para la Investigación de
Medios de Comunicación) revela que un 52,8% de españoles que navegan por
Internet están muy preocupados por el control del gobiernos de sus actividades
en la red y un 58% considera la publicidad el principal problema de la
navegación.
Entonces, ¿preferimos realmente este control excesivo en
Facebook de una persona corriente o las búsquedas que realizamos diariamente en
Google? ¿Dónde está el límite que señala que alguien debe o no ser espiado?
Habrá opiniones de todos los gustos, pero lo que es
evidente, es que es un tema de control civil y social. Mirándolo desde la
perspectiva ciudadana, es un paso atrás en materia de libertades. Y conforme la
revolución tecnológica va avanzando hasta hacerse prácticamente con la
totalidad de los servicios diarios, la búsqueda por el control y el poder que
da la información va en aumento.
Ian Bremmer, presidente y fundador de Eurasia Group dice
así: “En
Internet, nadie sabe si eres un perro. Ahora los Gobiernos saben qué clase de
perro soy, cuándo salgo a pasear y cuál es mi marca favorita de comida para
perros.”

Muy buena entrada, Cristina. Creo que con ella has dado una gran cantidad de información. Sobre este tema opino que aun no estamos listos para tomar una decisión sobre cómo emplear unas tecnologías a las que no estamos acostumbrados y, por ello, debemos ser cautelosos mientras aprendemos día a día los efectos que pueden llegar a acarrear.
ResponderEliminar