miércoles, 25 de marzo de 2015

Hace apenas un año, saltaba a las principales cabeceras periodísticas la siguiente noticia: “EE.UU. nos espía a través de Google o Facebook”.
El debate estaba abierto. ¿Dónde está el límite entre la seguridad y la privacidad? ¿Es realmente un método preventivo ante el terrorismo o una forma sutil y no autorizada de control indirecto?
EL denominado programa PRISM permitía a la NSA conseguir cualquier tipo de información sin solicitarla a los proveedores y sin tener ningún permiso judicial.
Y yo me pregunto: si es esto posible, acceder a casi cualquier tipo de información de cualquier ciudadano, ya que hoy en día todo está en la red, ¿por qué no es utilizado para detectar el fraude fiscal? ¿A quién está permitido espiar y a quién no? Obviamente, cualquier persona con sentido común permitiría que se utilizara en contra del terrorismo y así lograr evitar acciones terroristas y salvar vidas pero, ¿solamente es utilizado con este fin?

La denominada “revolución de los datos” es un hecho en sí. Quien tiene acceso a los datos de millones de personas, está en posesión de un instrumento con incalculable valor. La publicidad personalizada nos “peta” el ordenador o el móvil a diario. La libertad que nos ha sido dotada gracias a la revolución de las comunicaciones, a la era digital, está siendo contrarrestada con la revolución de los datos, en manos tanto de empresas como de Gobiernos.
Un informe de la AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación) revela que un 52,8% de españoles que navegan por Internet están muy preocupados por el control del gobiernos de sus actividades en la red y un 58% considera la publicidad el principal problema de la navegación.
Entonces, ¿preferimos realmente este control excesivo en Facebook de una persona corriente o las búsquedas que realizamos diariamente en Google? ¿Dónde está el límite que señala que alguien debe o no ser espiado?
Habrá opiniones de todos los gustos, pero lo que es evidente, es que es un tema de control civil y social. Mirándolo desde la perspectiva ciudadana, es un paso atrás en materia de libertades. Y conforme la revolución tecnológica va avanzando hasta hacerse prácticamente con la totalidad de los servicios diarios, la búsqueda por el control y el poder que da la información va en aumento.
Ian Bremmer, presidente y fundador de Eurasia Group dice así: “En Internet, nadie sabe si eres un perro. Ahora los Gobiernos saben qué clase de perro soy, cuándo salgo a pasear y cuál es mi marca favorita de comida para perros.”


1 comentario:

  1. Muy buena entrada, Cristina. Creo que con ella has dado una gran cantidad de información. Sobre este tema opino que aun no estamos listos para tomar una decisión sobre cómo emplear unas tecnologías a las que no estamos acostumbrados y, por ello, debemos ser cautelosos mientras aprendemos día a día los efectos que pueden llegar a acarrear.

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